Bangkok and back again – Tailandia enero 2018

Bangkok and back again – Tailandia enero 2018

Solo ha pasado un año desde mi última visita al Big Mango. En enero del 2017, pasé una semana en esta crazy city con mi amigo Bernd Knöller, “El Alemán”. Bernd es un gran cocinero y diría igualmente un gran comedor, y fue una semana de comer sin parar. Confieso que en el maratón gastronómico me salté algún desayuno y merienda porque a diferencia de Bernd, yo sí que tengo fondo. Gagan (cocina experimental y menú de emoticonos), Nahm (la mejor cocina tailandesa hecha por un inglés, David Thomson), Eat Me (cada plato maridado con un cocktail, los mejores que jamás he probado, y la mañana siguiente milagrosamente libres de resaca), el restaurante del hotel Kempinski, un ligero menú de mediodía de 6 platos, dim sum de abalone y sopa de alita de pescado en el restaurante de Chef Man… Volví a Valencia con 4 kilos de más ¡y casi cansado de comer!

Esta vez mi compañero de viaje es Guillermo (Álvarez Perelló según su pasaporte), el hombre tranquilo detrás de la cocina de Ma Khin Café. Guillermo consigue hacer lo que busco en la cocina asiática, pero sin añadir esa pizca de brote rabioso descontrolado que caracterizaba mis platos cuando tenía que cocinar para 100 personas un sábado por la noche. Mantiene la calma, conserva el equilibrio, tiene criterio. Seré generoso y me saltaré sus defectos al menos en este capítulo…Guillermo es un buen compañero de viaje. Cuando planteé el itinerario de 15 días, Tailandia, Laos, Vietnam, todo le parecía bien.

Lunes 15 de enero

Llegamos a Bangkok esclafados*, y nos dirigimos directamente al muy recomendable So Sofitel en Sathorn Road. Exactamente 24 horas desde que salimos de Valencia y sin haber dormido, estamos tumbados al lado de la piscina con un club sándwich y una cerveza disfrutando de la vista sobre el infinity pool hacia el parque Lumpini 30 pisos más abajo. Pero el sándwich hace poco para saciar el apetito y unas horas más tarde bajamos a la calle buscando comida.

Me entristece encontrar que, desde nuestra última visita, el gobierno militar ha llevado a cabo su amenaza de limpiar las calles de Bangkok de carros de street food, y ya no existe el bullicio en las aceras alrededor de puestos humeantes rodeados de taburetes de plástico colorido. Pero el ayuntamiento ha hecho la vista gorda en los puestos que disfrutaban de una cocina cubierta, y en Silom Road, encontramos a Mama que sigue haciendo un potente Som Tam de papaya verde con sticky rice, tortas de gambas con una salsa de pescado fermentado y un red snapper entero frito con salsa picante que devoramos con las manos. Paramos a comprar unos mangosteen de un vendedor ambulante y volvemos al hotel, donde partimos la cama.

Martes 16 de enero

Doce horas más tarde nos despertamos, demasiado tarde para desayunar así que de nuevo a la calle. Cogemos un barco de Thaksin pier y recorrimos el Chao Praya, bajando en el mercado de flores donde los tenderos están recogiendo el producto. Ramos de orquídeas a 1€, cestas llenas de lima kaffir, bitter gourd, eggplant y citronella. Huele a Bangkok, es un olor inconfundible. Encontramos finalmente Krua Apsom, un restaurante recomendado por el hotel y tal y como prometieron, somos los únicos europeos. Es un restaurante sencillo, dominado por una pared llena de artículos de prensa de todo el mundo contando lo maravilloso de este garito. Directamente nos traen un plato de aperitivo: gamba seca, dados pequeños de jengibre y lima, guindillas tan pequeñas como letales, cacahuetes y trocitos de panceta frita.  Se envuelve todo en una hoja de paan y se moja en una especie de mermelada de jengibre. Este paquetito se come de una, y a masticarlo hay una explosión de sabores en la boca. Leo el artículo de un crítico de The Guardian  pegado encima de mi cabeza “Dónde comer los 50 mejores platos del mundo” y pido en función de sus recomendaciones: el revuelto de cangrejo, (esponjoso y sutil) la ensalada de calamares y gambas con apio, brócoli y guindilla (ligero y picante con la frescura de hierbabuena) y el curry amarillo de gambas y raíz de loto tierno (este era uno de los 50 mejores platos del mundo. ¿Hace falta decir más?)

Paseamos la comida visitando Wat Pho, el templo del Buda reclinado, y paramos una hora para un masaje Thai, una especie de tortura de contorsiones administrado por una pequeña señora thai con la fuerza de un luchador de sumo. Relajante no es, pero nos sienta de maravilla y salimos flotando hacía China Town, donde paseamos algo melancólicos ante tanto plástico y producto de consumo innecesario. Parece mentira, pero Guillermo se queja de estar de nuevo traspellado y el conserje del hotel nos reserva mesa en Issaya Siamese Club, una casa antigua de madera con jardín donde disfrutamos como enanos. Empezamos con unas costillas de cochinillo macerado en especias cocinadas a la perfección “sous vide” y acabadas sobre carbón. Para morirte. Luego Koi Nua, un tartar de ternera con especias secas de la provinica norteña de Issan. Seguimos con dos ensaladas, una de flor de plátano con corazones de palmera, otra de pomelo chino, chalota frita, cacahuetes y gambas (este plato podría haber sido birmano). Terminamos los platos salados con unos cangrejos de concha blanda fritos y un khao soy de osso bucco, buenos platos pero quizás los que menos nos sorprendieron. De postre Kluey Kaek, un bocadillo de pasta choux relleno de plátano con helado de coco y unos mochis de arroz pegajoso rellenos de arroz negro. Cocteles para acompañar, empezando con un pandan cooler para situarme bien en Tailandia y progresando a un ginger and basil kicker, mientras que Guillermo mantenía el orden con un refrescante zumo de lima. Al final de la cena, el maitre, un señor muy amable y gracioso, nos invita a su postre estrella, Broken Bucket. ¡Un espectáculo de feria!

Y de allí a la cama. Mañana nos espera el tren a Laos.

agotados en el argot de Guillermo, oriundo de Buñol y hábil usuario de la lengua de este pueblo. Para los menos familiarizados con este dialecto intento facilitar la lectura poniendo este curioso vocabulario en cursiva en adelante