Phø y Bun Cha en Hanoi y el mejor Pad Thai de Bangkok – Vietnam y Tailandia enero 2018

Phø y Bun Cha en Hanoi y el mejor Pad Thai de Bangkok – Vietnam y Tailandia enero 2018

Miércoles 24 de enero

La imagen de Ho Chi Minh, el tío Ho, es omnipresente en Hanoi. Quizás su estatus de héroe sobrevive en parte porque murió antes de la última victoria y no tenía que lidiar con la reunificación de un país dividido entre norte y sur desde mucho antes de la ocupación francesa. Es uno de los pocos líderes revolucionarios del siglo veinte que aún se puede mirar a los ojos, y salimos a primera hora (y por supuesto después de un banh mi de desayuno) para visitar su fastuoso mausoleo. Las instrucciones son estrictas. No está permitido hablar o reír dentro del mausoleo. Fotografías por supuesto que no, y las manos en los bolsillos tampoco. La cola es larga, pero paseamos por jardines agradables y el tiempo pasa rápido. El mausoleo es parecido al de Lenin en Moscú, austero e imponente, y dentro cuatro guardias impecablemente uniformados rodean el sarcófago de cristal con el cuerpo del tío Ho descansando dentro. La visita provoca una conversación entre Guillermo y yo sobre qué nos gustaría que pasará con nuestros propios restos mortales y con esta conversación mórbida abandonamos el mausoleo.

El recinto del mausoleo incluye también una serie de templos históricos de Hanói, y un interesante museo sobre la vida de Ho Chi Minh. La delicada pagoda de un pilar fue construida en el siglo XI por un emperador en agradecimiento por haber engendrado un heredero y su forma está basada en la flor de loto. La construcción es una réplica, ya que las tropas de la unión francesa, en un acto de puro genocidio cultural la destrozaron en 1954 antes de abandonar el país.

Decidimos ir andando a buscar el mercado Dong Xuan, pero después de una larga caminata en la que nos perdemos por unos barrios muy humildes de la ciudad, resulta que es un mercado de productos de consumo barato de poco interés. Pero estamos ya en el barrio antiguo, así que disfrutamos de patear las calles estrechas llenas de comerciantes y turistas. Aún nos falta probar uno de los platos más conocidos de la cocina vietnamita, la sopa phø, y seguimos las pistas dadas por Yukari hasta encontrarnos con Phø 10, otro destino imprescindible en nuestro itinerario de turismo gastronómico.

 

Nos estamos acercando al final del viaje y pasamos la tarde comprando regalos. Ya a la hora de cenar, nos queda por probar un último clásico de la cocina nacional. Bun Cha es otro plato caldoso de tallarines y carne, pero en esta ocasión de panceta de cerdo. Los fideos de arroz son más finos que los tallarines del phø y se sirven por separado del caldo junto con el ubicuo plato de hierbas. Para probar este plato hemos elegido el restaurate Huong Lien, que se hizo famoso por la visita inesperada de Barack Obama y Anthony Bourdaine. Es un local muy humilde, que hace gala de la visita del ex mandatario con fotos colgadas en la pared y un “Menú Obama”. Encontramos una mesa sin problemas, y cuando llega nuestro pedido, los dos quedamos flipados con el caldo que es impresionante, intenso, ahumado, con unos trozos de panceta de cerdo y albóndigas de magro, los dos cocinados sobre carbón. Dentro del caldo también hay papaya verde encurtida. Con los palillos cogemos los fideos finos de arroz, los mojamos con el caldo, recogiendo a su vez un poco de carne (hay que ser hábil con los palillos en una mano y la cuchara en otra). Unas hojas frescas y pa’ dentro. Creo que es el mejor plato que hemos comido en Vietnam. “¿Y qué le serviríamos a Obama si viniera a Ma khin Café?” pregunto a Guillermo.

Jueves 25 de enero/ Viernes 26 de enero

Estamos un poco melancólicos en el camino al aeropuerto. A los dos nos ha encantado Hanoi, y la vista ha sido demasiado breve. ¡Volvemos a Bangkok, con la idea de pasar unos días en la playa después de tan arduo recorrido! Cogemos un taxi en el aeropuerto de Bangkok que nos deposita en la ciudad costera de Hua Hin. Esperando playas de arena blanca y agua turquesa, estamos algo desilusionados al encontrarnos con aguas turbias y peces muertos por la orilla del mar. Son dos días un poco perdidos. La comida es regular, y el lugar inhóspito, pero aprovechamos para trabajar, y ponernos al día con nuestros proyectos para la vuelta.

Sábado 27 de enero

Regresamos a Bangkok eligiendo alojarnos en el Sukhothai, uno de los grandes viejos hoteles de la ciudad. Esta noche cenaremos en Nahm así que comemos ligero y a las 8 de la tarde nos acercamos al Metropolitan Hotel, dos puertas calle abajo. La cena es tan rica como recordaba cuando vine con Bernd (Knöller) hace un año. Empezamos con un snack de piña y cerdo, seguido por vieiras al vapor con curry rojo, cada vieira envuelta en una hoja de plátano. El resto de la comida se trae a la vez, que es como a mí me gusta comer. Una ensalada de pescado con pomelo, chalota y ajo frita, un curry de cangrejo con hoja de lima, rabo de toro con salsa massaman, y un picado de pato fermentado chalota, y guindilla que es tan picante que no lo podemos terminar. Terminamos con unas tortitas de harina de arroz mojadas con almíbar de pandan y naranja. En el camino de vuelta al Sukhothai pasamos por el Banyan tree y subimos a la terraza en el piso 59 para disfrutar de un cóctel y una vista espectacular sobre Bangkok.

Domingo 28 de enero

Es nuestro último día, y visitamos el impresionante mercado de fin de semana en Chatuchak para comprar regalos para apaciguar a los pobres que se han quedado en Ma khin Café trabajando mientras nosotros damos la vuelta a Asia. El mercado es impresionante con miles de puestos donde se puede comprar cualquier cosa, desde ropa, electrodomésticos, vajillas, utensilios de cocina, una verdadera cueva de Aladino. Compramos con sensatez (es fácil volverse loco en un sitio así, y aún tengo armarios llenos de trastos inútiles que he comprado en mercados extranjeros). Un cocinero español está haciendo el agosto con la venta de paella, pero por respeto a nuestro plato nacional, decidimos optar por algo más thai. ¡Un fallo! El garito que elegimos está atendido por una colección de chavales macarras que gritan los pedidos a unas cocineras con una indumentaria que solo se puede describir como guarra. Nos llegan dos pad thais asquerosos junto con dos bebidas de mango con hielo de dudoso origen. Decidimos no arriesgar nuestra salud, abonamos la comida sin tocarlo y nos marchamos. Prometo a Guillermo que esta noche le llevaré a comer el mejor Pad Thai de Bangkok.

Y así es. Pad Thai Thip Samai es todo un clásico en Bangkok. Cuando llegamos hay una cola de al menos 100 personas esperando mesa. Aunque ya no se puede comer en la calle, la cocina sigue estando allí y en unos woks gigantes, los cocineros saltean tallarines con tofu, huevo, verduras, gambas y esta salsa secreta que lleva tamarindo, soja, salsa de pescado, azúcar y guindilla. Una vez preparada esta mezcla, se raciona en platos individuales y se lleva a otro cocinero que en un wok más pequeño prepara una finísima tortilla de huevo que envuelve el pad thai. Trabajan a una velocidad impresionante, y no tardamos en llegar a la cabeza de la cola y estar sentados. Pedimos dos Pad thai con gambas y Guillermo se proclama impresionado ¡y listo para comer dos más! Al salir nos fijamos en el local de Jay Fai, que está al lado, cerrado esta noche quizás porque es domingo. Había comido allí con Bernd el año pasado, antes de estar galardonado con una estrella Michelin.

Han sido dos semanas memorables, y gozamos de esta sensación de solo haber tocado de puntillas cada destino. Qué ganas de volver a Laos a explorar el país en moto con tranquilidad y tiempo, en meses no días, de coger el reunification express de Hanoi a Saigon, hacer trecking en Sapa, un crucero en Ha Long Bay. Y fíjate, qué ganas tenemos los dos de volver al Ma Khin, a nuestra casa y probar estos platos que este mundo y su gente han sido tan generosos en compartir con nosotros.